viernes, 13 de febrero de 2009


Hilary Whitehall Putnam nació el 31 de julio de 1926, en Chicago, es uno de los filósofos contemporáneos más importantes. Profesor de la Universidad de Harvard, la riqueza y la profundidad de su obra no sólo destacan por la amplitud de sus discusiones sobre temas en diversas áreas filosóficas -la filosofía del lenguaje, la filosofía de la ciencia, la epistemología y la filosofía de la mente-, sino también por las notables transformaciones de sus posiciones realistas a lo largo de más de cinco décadas. Desde la segunda mitad de los años ochenta del siglo pasado ha venido elaborando una filosofía moral acorde con sus planteamientos realistas del tiempo en el que vivimos y ofrece una brillante rehabilitación de los temas centrales del pragmatismo estadounidense actual. En el campo de la filosofía de la mente, Putnam es famoso por su hipótesis de la “realizabilidad múltiple” y por el concepto de funcionalismo, una influyente teoría relacionada con el problema mente-cuerpo.




Cerebros en una cubeta -1981-

"Imaginemos que un ser humano ha sido sometido a una operación por un diabólico científico. El cerebro de tal persona ha sido extraído y colocado en una cubeta de nutrientes que lo mantienen vivo. Las terminaciones nerviosas han sido conectadas a una computadora supercientífica que provoca en esa persona la ilusión de que todo es perfectamente normal. Parece haber gente, objetos, cielo, etc.; pero en realidad todo lo que la persona está experimentando es resultado de impulsos electrónicos que se desplazan desde la computadora hasta las terminaciones nerviosas. La computadora es tan ingeniosa que si la persona intenta levantar la mano, el feedback que procede de la computadora le provocará que -vea- y -sienta- que su mano está alzándose. También puede borrar la memoria de funcionamiento del cerebro de modo que la víctima crea que siempre ha estado en ese entorno. La víctima puede creer incluso que está sentado, leyendo estas mismas palabras acerca de la suposición, divertida aunque bastante absurda, de que hay un diabólico científico que extrae cerebros de los cuerpos y los coloca en una cubeta de nutrientes que los mantiene vivos... En lugar de imaginar un solo cerebro en una cubeta, podemos imaginar que los seres humanos -quizá todos los seres sintientes- son cerebros en una cubeta. Por supuesto, el diabólico científico tendría que estar fuera -¿o querría estarlo?. Quizá no exista ningún diabólico científico, quizá -aunque esto es absurdo- el mundo consista en una maquinaria automática que está al cuidado de una cubeta repleta de cerebros y sistemas nerviosos. Supongamos esta vez que la maquinaria automática está programada para ofrecernos a todos una alucinación colectiva, en lugar de unas cuantas alucinaciones separadas y sin relación. De forma que cuando me parece estar hablando con usted, a usted le parece estar oyendo mis palabras. Mis palabras no llegan realmente a sus oídos, por supuesto porque usted no tiene oídos -reales-, ni yo tengo boca o lengua reales... En este caso nos comunicamos realmente -por medio del desplazamiento de los impulsos aferentes desde nuestro cerebro hasta el ordenador-, hasta cierto punto. Yo no estoy equivocado con respecto a su existencia real sólo lo estoy con respecto a la existencia de su cuerpo y del -mundo externo-, aparte de los cerebros. En cierta medida, tampoco importa que -el mundo entero- sea una alucinación colectiva; después de todo, cuando me dirijo a usted, usted oye realmente mis palabras, si bien el mecanismo no es el que suponemos."

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