lunes, 2 de marzo de 2009

Os volvemos a pedir disculpas por otra semana en la que no hemos podido actualizar debido a problemas con la red. Esparamos poder volver a las actualizaciones diarias esta semana.



PARTE 2

El caso de Congo:

Finalizada la guerra en Liberia, perviven en África las guerras en Somalia –país dividido de facto en tres territorios–, en el norte de Chad y en la la República Democrática de Congo, el antiguo Zaire. Hay conflictos latentes entre Eritrea y Etiopía, en Costa de Marfil, en el sur de Senegal –Casamance–, en Sierra Leona, en el norte de Nigeria –azuzados por los fundamentalistas islámicos–, en Zimbabue y en Burundi.

La guerra en Congo fue y es, dado que vive en una guerra civil no declarada, la más virulenta y dramática, a pesar de los acuerdos alcanzados en 2003 entre las distintas facciones para formar un Gobierno de transición, que duro hasta 2007. Esta guerra comenzó el 2 de agosto de 1998 –antes hubo otra, desde finales de octubre de 1996 hasta mayo de 1997, que acabó con el régimen de Mobutu– y se da la cifra de más de cinco millones de muertos. Esta guerra tuvo hasta nueve países implicados, directa o indirectamente, pero nadie pone en tela de juicio que se trata de una guerra que tiene como objetivo la explotación de los cuantiosos recursos del país.

Ernest Wamba dia Wamba, uno de los primeros dirigentes de las facciones rebeldes congoleñas, lo confesó con toda crudeza: “Lo roban todo. Se ha creado en Congo una economía del pillaje… El pillaje es el destino de este país. Nació para ser robado… Todo el mundo ha robado a los congoleños, que no se han beneficiado nunca de sus propios recursos”.

La aparición del coltan –acrónimo de columbio y tantalio– desató la avaricia de las multinacionales y de los propios grupos rebeldes. El coltan es un metal empleado en aleaciones resistentes, muy útiles para la industria militar, aeronáutica, electrónica, óptica y aeroespacial. Por eso, el Pentágono lo había clasificado hace tiempo como “materia prima estratégica”. Su uso en la fabricación de la nueva generación de teléfonos móviles hizo subir su precio en el año 2000 de 90 a 450 dólares el kilo. En Congo se encuentra más del 80 por ciento de los yacimientos de coltan. Empresas de alta tecnología utilizan condensadores y otros componentes que contienen tántalo, como Alcatel, Compaq, Ericsson, HP. IBM, Nokia y Siemens. Los fabrican, entre otros, AMD, AVX, Hitachi, Kemel y Nec.

Esto explica que actualmente la República Democrática de Congo sea un país fraccionado, invadido por países extranjeros (Uganda,
Ruanda y Burundi) y que Kampala, capital de Uganda, y Kigali, capital de Ruanda, se hayan convertido en los últimos cinco años en grandes centros para la exportación de oro y diamantes, a pesar de que ninguno de los dos países posee estos recursos. Los explotan y roban en los territorios que han controlado en la República Democrática de Congo. Primero de manera directa; después a través de sus hombres congoleños de paja.
A estas alturas de las guerras la triste realidad nos recuerda que en estos países ya nadie puede vender la idea de una revolución, de que se lucha para derrocar a un déspota –como se dijo en la etapa final de Mobutu Sese Seko– y abrir una nueva etapa de libertad y justicia social. Esto podría justificar un levantamiento armado. La realidad es mucho más bastarda: en Sierra Leona, en la República Democrática de Congo y en Angola las guerras han sido y son un pretexto para explotar los recursos naturales y venderlos para enriquecerse de forma rápida y para comprar armas a Estados Unidos, Alemania, Bulgaria, China, Francia, Israel, Reino Unido, Rumania, Rusia, Suráfrica y Ucrania.

Al mismo tiempo, el régimen tutsi de Ruanda, con el apoyo militar de Estados Unidos, Uganda y Burundi, se ha anexionado de facto la zona congoleña del Kivu.
Estas guerras se están convirtiendo en un gran mercado de piedras preciosas y de armas, para beneficio de unos cuantos capitostes locales y de otros tantos pillastres internacionales. Los vampiros multinacionales que controlan el mercado del oro y de los diamantes compran a bajo precio, sin importarles que estén contribuyendo a la descomposición de los Estados, la perdida de sus raíces y tradiciones y al empobrecimiento de sus ciudadanos.

El lobby tutsi:

La República Democrática de Congo está incrustada en la llamada Región de los Grandes Lagos, que tiene en total 4.163.404 kilómetros cuadrados - 8 veces más de España y el 18,94 por ciento de toda África- y una población de 150 millones de habitantes -el 17,4 % de toda África-. Tanto la extensión como la población de cada uno de los países son muy dispares. Y dos de estos países, Burundi y Ruanda, tienen una extensión muy reducida, sin salida al mar, pero con una gran densidad de población. Al ser ambos fundamentalmente agrícolas, la tierra juega un papel fundamental en las relaciones socioeconómicas.

En esta Región existen grandes recursos minerales, desigualmente repartidos en los países implicados: oro, diamantes, cobre, uranio, petróleo, cobalto, titanio, tugsteno, coltan… El país más rico es, sin duda, el Congo, que ha sido considerado siempre como un “escándalo geológico”. Esta riqueza provocó en este país primero una guerra de secesión -la de Katanga en 1960-, después la guerra de los simbas -1964-, la toma del poder por Mobutu mediante un golpe de Estado -en 1965- y, finalmente, la guerra civil – 1996- que acabó con él cuando ya era, de hecho, no sólo un cadáver político sino también un hombre con cáncer terminal. Falleció pocos meses después en Marruecos.

La inmensa riqueza de Mobutu y su megalomanía provocaron un distanciamiento de la población, que se empobrecía de una manera atroz. No hubo, sobre todo en los últimos años de poder, la menor sintonía entre gobernante y gobernados, ni siquiera entre el jefe supremo de las Fuerzas Armadas y el Ejército, cuyos miembros tuvieron que dedicarse al pillaje para sobrevivir porque no recibían su soldada reglamentaria.

Se ha barajado mucho la hipótesis de la fragmentación de Congo, dejando la región de ambos Kivus bajo el dominio de la Ruanda tutsi de Paul Kagame, aliado fiel de Estados Unidos e Israel. Se cumpliría así el sueño de un Estado pantutsi, con evidentes connotaciones racistas. Sería la consumación del genocidio de Ruanda de abril de 1994, todavía no explicado suficientemente, porque prevalece la versión interesada de los tutsis. Paul Kagame no ha ocultado nunca su propósito de crear un Estado gobernado por tutsis que abarcaría la actual Ruanda y parte del territorio congoleño. Al mismo tiempo, se crearía una gran confederación con Burundi. El 10 de octubre de 1996, cuando se comenzaba a urdir el ataque a los campos de refugiados hutus en el entonces Zaire, el presidente de Ruanda, Pasteur Bizimungu, reclamó la celebración de una nueva Conferencia de Berlín para corregir el trazado de las fronteras coloniales. Por primera vez, Ruanda mostraba a las claras sus deseos expansionistas. Y es probable que el mismo Kabila prometiera a los tutsis que le ayudaron a derrocar a Mobutu su voluntad de facilitar esta operación. Al demorar el cumplimiento de sus promesas, estalló la segunda rebelión el 2 de agosto de 1998.

La pesadilla de Darwin II


CONTINUARA EL PROXIMO LUNES...

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