jueves, 5 de febrero de 2009


Desde hace ya algún tiempo comienzan a surgir en todo el planeta movimientos proteccionistas que reclaman los recursos nacionales, como por ejemplo el empleo nacional, para la gente de sus países como medida contra la crisis social y financiera que vivimos. En Gran Bretaña, los obreros de las refinerías se declararon en huelga esta semana para protestar contra la contratación de trabajadores extranjeros.

La ira estalló por la noticia de que la constructora italiana IREM SpA decidió llevar a obreros italianos y portugueses para trabajar en un proyecto de 280 millones de dólares en la refinería Lindsey, de la empresa francesa Total, ubicada en Lincolnshire, en el noroeste de Inglaterra .Estos contratos se concedieron cuando escaseaban los constructores y trabajadores británicos, pero el panorama cambió con la crisis.

Bajo el lema “Trabajos británicos para trabajadores británicos”, la “working class” británica protestó en el condado de Lindsey, contra la decisión de dicha petrolera de emplear a extranjeros para construir una refinería. Gran Bretaña es uno de los países europeos con la más dura legislación laboral para inmigrantes y se halla en un momento de despidos masivos causados por la crisis económica, social y financiera. Los trabajadores de cuatro refinerías inglesas y varias más en Escocia pararon en solidaridad con los empleados de Total. La protesta organizada por la planta de la compañía Total ya va por el tercer día. Otras fábricas de las Islas secundaron las acciones, al considerar que sus puestos de trabajo peligran por el reclutamiento masivo de personal en el extranjero y que los ha llevado a reivindicar su trabajo de manera conjunto bajo un mismo lema.

Las acciones en esta refinería de petróleo han visto ya cómo unos 700 trabajadores de la factoría escocesa de Grangemouth se manifestaban en señal de apoyo, al igual que los de la central energética de Barry, en Gales, y otros 400 de la refinería de Wilton, en el condado inglés de Yorkshire.

Las convocatorias fueron controladas por un importante dispositivo de las fuerzas de seguridad que, recordaba a los conflictos laborales de la década de los 70, durante la que los trabajadores británicos protestaron dura y reiteradamente en las calles.

Además, los principales sindicatos del país, Unite y GMB, confirmaron su apoyo a la protesta de la fábrica de Lindsey, que vio también cómo parte de la plantilla de las factorías de South Killingholme se le unía en el mismo lugar y en paralelo a las convocatorias celebradas en todo el país para acordar secundar la convocatoria en una demostración de unidad obrera. Frente a sus compañeros congregados en la planta de Lindsey, Kenny Ward, secretario general del sindicato de la construcción Unite, pronunció ayer una arenga que pareció un grito de guerra: "La lucha comenzó aquí: una lucha contra la discriminación, contra la victimización y para poder poner pan en sus mesas. Brown dijo que esto es indefendible. Si el premier no defiende a los trabajadores, entonces tendrán que ser los sindicatos quienes salgan a hacerlo”.
La última vez que los sindicatos se opusieron con semejante ira a un gobierno laborista fue durante otro crudo invierno -el denominado "invierno del descontento", de 1978-1979-, que condujo a la caída del gobierno de James Callaghan.

Por otro lado, el conflicto ha servido para poner en evidencia las graves deficiencias en el proceso de armonización europea, ya que subraya las enormes discrepancias salariales dentro de la UE. Un trabajador de la construcción británico, por ejemplo, gana un salario promedio mensual de unos 2700€; un colega francés, 1800€; un italiano, unos 1600€, y un portugués, 620€, del español no hablamos… está en el paro. De allí la ventaja de "importar" trabajadores foráneos a Gran Bretaña.

Esta crisis social europea ha pillado por sorpresa a los vampiros y políticos europeos quienes, si bien habían previsto conflictos similares promovidos por la situación social actual, lo habían hecho con la mira puesta en los trabajadores provenientes de fuera de la UE. Lo que les hace ver hasta donde llega la crisis y que es lo que los obreros europeos sienten hacia su Unión Europea.

Desde los medios de desinformación del sistema, se nos hace llegar el mensaje de que lo que está ocurriendo en tierras británicas son brotes xenófobos, nada más lejos de la realidad. El sistema intenta hacernos ver esto, para ocultar la verdadera realidad, que no es otra que una nueva muestra de que el sistema capitalista se viene abajo. No hay ningún brote racista ni xenófobo. Hay una clase obrera que defiende solucionar sus problemas por si mismos, sin que vampiros de empresas extranjeras se lucren mientras por un lado, las familias británicas pasen hambre y por el otro el trabajador extranjero es explotado.

Lo ocurrido en el Reino Unido, es un ejemplo más de cómo poco a poco van surgiendo diferentes problemas derivados del injusto sistema capitalista y de cómo los trabajadores deben enfrentarse a el.



1 comentario: